
Invertir tiempo y energía en una buena crianza es darle al mundo la posibilidad de que se enriquezca con experiencias existenciales ligadas a la búsqueda de los deseos más auténticos, con personas más plenas. Una crianza amorosa y comprometida es una obra trascendental.
Es bueno estar muy atentos a las necesidades de los niños. Ellos no hablan pero tienen sus modos de comunicarse, son muy sutiles, están más cerca de los ángeles que los adultos. Por eso cuando los grandes logramos una comunicación directa y fluída con un chico nos sentimos en el cielo. Los chiquitos son sabios, si sabemos percibir sus mensajes podemos aprender muchas cosas.
Criar hijos con este compromiso nos puede hacer redescubrir el mundo. Entrar en contacto con las luces y las sombras de esta experiencia nos ayuda a ver aspectos desconocidos de nosotros mismos.
Siempre teniendo en claro que esta forma que propongo solo puede ser valiosa si se hace por uno, porque le sale auténticamente asi.
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