Friday, November 02, 2007

LOS NIÑOS Y LOS LÍMITES

Un tema importante, que genera preocupación, conflictos, discusiones, ambivalencias y dificultades en la crianza de los niños es el de “los límites”.

¿Cómo mostrarles los límites a los chicos?, ¿los límites se enseñan, hay que imponerlos, la realidad los impone más allá de nosotros?, ¿los límites se van construyendo a partir de una suma de situaciones que los van marcando?, ¿somos los padres absolutamente responsables de que nuestros hijos encuentren los límites adecuados en el momento necesario?, ¿cómo les señalamos los límites sin ser arbitrarios, sin hacer abuso de nuestro poder de adultos?, ¿los límites se ponen y ya está?, ¿ciertos límites son asi porque si y otros merecen explicaciones?.

Estoy convencida de que puede tener tan malas consecuencias no lograr mostrarles los límites correspondientes a tiempo, como ponérselos excesiva y arbitrariamente. Una vez más la crianza nos convoca a practicar la artesanía de buscar y encontrar las formas y los equilibrios justos.

Me gusta más hablar de señalar, mostrar y construír límites, que de poner o marcar límites.

Hay momentos en el desarrollo infantil en los que es bueno que no se reconozcan límites, asi como llega el tiempo en el que es necesario que los tengan incorporados. Es un pasaje que hay que hacer desde la sensación de omnipotencia ilimitada del bebito cuando nace, al reconocimiento de la realidad del niño que ya tiene la estructura psíquica para reconocer las limitaciones de la vida. En este tránsito de un estado a otro hay distintas y varias opciones, formas, tiempos, posibilidades, reconocimientos que habrá que ir haciendo en la medida en que los chicos van creciendo y accediendo a la posibilidad y a la necesidad de encontrarse con esos límites.

Es un desafío para los padres: cómo acompañar correctamente y con amor a nuestros hijos en este camino de reconocimiento de la realidad del mundo en el que vivimos.


Ser concientes de la dificultad que también para los adultos conlleva el encuentro de los propios límites puede ayudarnos a reflexionar e iluminar zonas oscuras. Estamos a cargo de algo que muchas veces no manejamos tampoco del todo bien con nuestras propias limitaciones, no es tan fácil tener claridad, convicción y dominio de nuestra necesidad de límites, por carencia o por exceso. Hay que tener mucho cuidado en el manejo que hacemos con nuestros hijos, tanto con la puesta como con la falta de límites.

Sirve pensar la incorporación de límites como una adquisición que los chicos irán haciendo con nuestra ayuda. Los padres somos responsables de guiarlos en este camino de reconocimiento.

Límite es extremo, raya, línea, marca, tope, comienzo o final de algo, decisión, elección, pérdida y encuentro, frontera, realidad.

Estos días estuve releyendo un libro que me ayudó a pensar este tema, cito:

“Cuando las “personas grandes” no inscriben a las “personitas” en el mundo tal como es – es decir, a veces frustrante y difícil de conquistar -, ¿cómo el niño no va a tener el sentimiento de ser el demiurgo que hace girar a su alrededor al mundo y a los adultos?


Imposible para el niño medirse con las cosas, porque ilusoriamente todo se pliega por anticipado a su antojo. ¡Cuando el mundo lo toma por dios, el niño se aburre! El mundo lo priva del descubrimiento de sentirse pequeño y de la alegría de jugar al mago.

Si nada se le resiste, ¿con quién identificarse? ¿Cómo diferenciarse del mundo si el mundo no se diferencia de él? Esta situación, mientras dura, demuestra ser poco estructurante. Poseer ilusoriamente las claves de los adultos y del mundo significa no medirse nunca con algo más competente que uno, no intentar nunca desear y realizar algo como el otro o claramente mejor, o de otra manera; emprender, equivocarse, reintentar, fracasar y luego tener éxito. Aprender a desear, actuar, hacer y deshacer, y ocupar un lugar en el mundo.

Si el mundo nunca ofrece al menos un poco de resistencia al niño, y el prójimo siempre le baila al compás, o bien le impone el abominable apremio de un acuerdo absoluto, entonces el mundo ya no existe. Todas las cóleras del niño significan, a sus ojos – como a los ojos del bebe que fue – que él tiene el poder absoluto de destruir el mundo, dado que tiene el de crearlo.


Encerrado en la ilusión infantil de manipular a los adultos como si fueran títeres, al niño le cuesta tornarse autónomo en su propia existencia. Todopoderoso para crear el mundo, es al mismo tiempo impotente para descubrirlo y actuar sobre él, para crecer e inscribirse en él.

Porque crecer, para los niños, pasa precisamente por descubrir que el mundo no gira al compás de sus afectos ni según su mero deseo y carpricho, ¡salvo en sus juegos!

No siempre es tan sencillo aceptar las rabietas, la desobediencia y los desbordes de los niños.
Si bien la impotencia es a veces penosa para el niño, que se siente un mago y no le gusta que el mundo se le resista, no por ello deja de ser el más poderoso motor para dominar el mundo, apoderaerse de las cosas y medirse concretamente con ellas. Jugar es medirse y probarse, y es también descubrir cómo hacerlo.


El juego con el oso, con los compañeros de la guardería, los conflictos y las identificaciones con los más chicos y con los más grandes que él, las fricciones con el hermano mayor y las paradojas de los padres, son las múltiples materias primas de la construcción del niño. Y el juego, actividad principal de la vida cotidiana de los más pequeños, metamorfosea todo esto. Es el eslabón lúdico entre la realidad y la imaginación, entre el mundo y él: el espacio de la construcción de sí en el mundo."


El libro es “El Oso y el Lobo” de Pascale Rosfelter, Ed de la Flor.

7 comments:

  1. Liliana8:27 PM

    Me gustó mucho lo que exponés, es rico, para ir diría, degustando. Quisiera saber qué opinás sobre el límite en los hijos únicos (como hija única, no tuve la posibilidad de hermanos con quien confrontarme, medirme, etc.) es groso el tema y me llevó mucha terapia (de la buena, por suerte) desanudar muchas cosas. Idealizo las relaciones entre hermanos, muchas veces me doy cuenta que demasiado. Un abrazo, es relindo tu Blog! Lili, San Telmo

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  2. Anonymous12:09 PM

    Ser madre es dificil, pero ser madre y psicologa debe ser muchisimo peor!!!! A largar los manuales!Una no va a tener una conversacion de tres horas para explicarle a los chicos que no metan las manos en el enchufe. Digo, si uno esta convencido no es tan dificil explicarle a los chicos que hay un limite para sus deseos.
    Besos y suerte!
    Carolina

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  3. Gracias Liliana, creo que los hijos únicos se las ven con otros pares y en otras circunstancias, no es que por no tener hermanos no van a tener que confrontarse con limitaciones, es cierto que no es tan directo el tema, pero la realidad se impone. Cada situación tiene lo suyo, sus pro y sus contra ¿no?.

    Carolina no se trata de manuales, se trata de vivir involucrado con lo que uno siente, cada límite tiene su especificidad y sus tiempos, asi como los estilos propios para resolver las cosas. Ser psicóloga y madre para mi es hermoso. Gracias.

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  4. Ximena: Envié un comentario acerca del libro de Uds. "hijos sin dios". Me gustaría saber si fue recibido. Porque no leí su publicación.
    gracias.
    Colen

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  5. Anonymous7:17 AM

    Hola Ximena! Estoy terminando de leer tu libro y de Alejandro sobre la crianza.. y por primera vez! me identifico tanto con los deseos de dar a los chicos una crianza llena de sentido!! También estoy descubriendo la felicidad de ser atea, bueno, tantas cosas que tan bien están expresadas en el libro y no voy a repetir. Te recomiendo un libro hermoso, tal vez lo conozcas, no hay edicion argentina pero se consigue en Amazon y otros de internet. "Como hablar para que los niños escuchen y como escuchar para que los niños hablen" de Faber & Mazlish, dos colegas tuyas. Habla de respeto, contención, escuchar y comprender, acompañar... con mucho consejo práctico. Un abrazo, gracias!
    Cecilia, Santa Cruz

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  6. artemis8810:58 AM

    hola, soy de argentina tengo 19 años y soy hija unica
    hace poco empeze terapia y la relacion con mis papas es cada vez peor...
    siempre fue una relacion de amor-odio porque nunca me pusieron limites y siempre estuve en el medio de ellos, nos la pasabamos peleando y mas que nada con mi mama pero ahora que empeze a analizarme me siento mal y eso repercute en la convivencia con mis padres. Por ejemplo, pasar de estar bien y de repente contestar mal hasta a hacer llorar a mi mama y herirla, luego arrepentirme y no querer irme de su lado por culpa.
    Y me siento horrible, no se a que vienen estos cambios de humor tan repentienos, no se que hacer...
    Algun consejo?
    Gracias

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  7. Anonymous10:59 AM

    hola, soy de argentina tengo 19 años y soy hija unica
    hace poco empeze terapia y la relacion con mis papas es cada vez peor...
    siempre fue una relacion de amor-odio porque nunca me pusieron limites y siempre estuve en el medio de ellos, nos la pasabamos peleando y mas que nada con mi mama pero ahora que empeze a analizarme me siento mal y eso repercute en la convivencia con mis padres. Por ejemplo, pasar de estar bien y de repente contestar mal hasta a hacer llorar a mi mama y herirla, luego arrepentirme y no querer irme de su lado por culpa.
    Y me siento horrible, no se a que vienen estos cambios de humor tan repentienos, no se que hacer...
    Algun consejo?
    Gracias

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